Pilotos, aerotécnicos y personal que integró el histórico Escuadrón Aéreo N.º 1 volvieron a reunirse en la Brigada Aérea II de Santa Bernardina, en un nuevo encuentro de los llamados «Pucareros» que combinó un asado con el recuerdo del IA-58 Pucará y el homenaje a quienes ya no están. El reencuentro, que se repite año a año, volvió a poner en el centro la camaradería y el sentido de pertenencia de una unidad desactivada hace casi una década.
Un símbolo que nació en 1955
La fecha elegida no fue casual: el 5 de agosto de 1955 fue creado, en el aeropuerto Laguna de los Patos, en Colonia, el entonces Grupo de Aviación N.º 1 «Reconocimiento Táctico». En 1981, con la incorporación de los aviones IA-58 Pucará, la unidad pasó a llamarse Escuadrón Aéreo N.º 1 (Ataque).
Desde su creación hasta su desactivación, en marzo de 2017, la unidad operó distintos modelos de aeronaves. Sin embargo, fue el IA-58 Pucará —incorporado en junio de 1981— el que dejó una huella imborrable entre quienes lo pilotaron y mantuvieron operativo, al punto de dar origen al nombre con el que todavía hoy se identifica a sus integrantes: los «Pucareros».
Como ocurre cada año, la excusa fue compartir un asado. Pero el verdadero objetivo volvió a ser el mismo: reencontrarse, recordar historias, revivir anécdotas y rendir homenaje a quienes ya no están.
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Un vínculo que trascendió al avión
Durante la jornada, varios integrantes compartieron reflexiones sobre lo que el Pucará significó en sus vidas profesionales y personales. Uno de los pilotos más jóvenes resumió el espíritu del encuentro:
«Los aviones tienen vida útil; los escuadrones no. Mientras haya personas dispuestas a mantener vivo su espíritu, un escuadrón nunca deja de existir».
Otro de los participantes fue más allá:
«El Pucará fue mucho más que una máquina. Me convirtió en piloto de combate, me llevó a alturas y distancias que solo imaginé. Pero, principalmente, me dio hermanos para toda la vida».
En el mismo sentido, otro integrante recordó que la aeronave «fue una máquina noble, con alma y con capacidad de forjar en lo profesional y también espiritualmente a sus tripulaciones».
Las experiencias compartidas coincidieron en un punto: el verdadero legado del Escuadrón Aéreo N.º 1 no estuvo únicamente en el avión, sino en los valores construidos entre quienes lo integraron. Uno de los participantes recordó que el mantenimiento de los Pucará exigía creatividad, sacrificio y largas jornadas de trabajo debido a la escasez de repuestos, circunstancia que terminó fortaleciendo el espíritu de equipo y el orgullo de pertenecer a la unidad.
«Se creó una cultura en torno a esa máquina. Todo ese espíritu fue creado por las personas, porque quizá en otros lados el avión no generaba eso, pero acá las personas construyeron ese vínculo y todos los que fueron llegando abrazaron ese compromiso y esa mística», expresó.
«Mucho más que un avión»
También estuvo presente un experimentado piloto, excomandante de la Brigada Aérea II y hoy retirado, quien definió el lugar que ocupó el Pucará en su carrera:
«Dicen que el hombre en la vida está completo cuando encuentra su pareja. En mi vida profesional, el Puca fue el que llenó mi alma y corazón para hacerme sentir pleno de satisfacción», manifestó.
El último vuelo operativo del IA-58 Pucará en Durazno se realizó en noviembre de 2016. Sin embargo, casi una década después de la desactivación del Escuadrón Aéreo N.º 1 (Ataque), el espíritu de aquella unidad continúa intacto entre quienes formaron parte de ella.
Porque, como quedó demostrado una vez más en este reencuentro, el paso del tiempo podrá retirar los aviones del servicio, pero difícilmente logre apagar la identidad, la camaradería y el sentido de pertenencia de quienes siguen haciendo suyo el histórico grito de guerra del escuadrón:
«¡No hay quien pueda!»
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