Los muros interiores de la Unidad Nº 18 del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) se transformaron este miércoles en un enorme lienzo colectivo. Allí, la artista plástica uruguaya Agó Páez Vilaró dejó su sello luminoso de mandalas y soles, acompañada por personas privadas de libertad, sus familias, funcionarios e instituciones sociales de Durazno.
La jornada, titulada “Mural con Agó”, comenzó a las 10:00 y reunió a internos, operadores del INR, niños de ADID, técnicos del MIDES, representantes del Gobierno Departamental, Policía Comunitaria y voluntarios de la ONG Vida Nueva Uruguay.

Una experiencia de integración y arte comunitario
El mural quedó plasmado en el sector interno frente al campo deportivo, en una unidad que hoy alberga a más de 100 reclusos, entre hombres y mujeres.
“Es una acción que promueve el arte y el deporte como herramientas de integración y rehabilitación”, expresó Verónica Garro, desde la subdirección de la Unidad Nº 18. Destacó que la actividad fue posible gracias al vínculo con la ONG Vida Nueva Uruguay.
El Oficial Principal Nicolás Piñeiro, director de la unidad, había convocado públicamente a participar:
“El mensaje es claro: Agó Páez pinta un sol que sale para todos. Queremos fomentar valores como el respeto, la integración, el esfuerzo y la esperanza”.
Esos soles de libertad, como los definieron los organizadores, fueron pintados junto a personas privadas de libertad, sus familiares y diferentes colectivos sociales.

ADID presente por primera vez dentro de la unidad
Un punto destacado de la jornada fue la participación, por primera vez, de ADID dentro de la Unidad Nº 18.
“Tuvimos el honor de recibir a ADID. Este encuentro abre espacios de integración, inclusión y expresión, donde quienes han sido invisibilizados pueden mostrar su valor, sensibilidad y compromiso”, señaló Garro a El Acontecer.

Entre colores, charla y comunidad
Además de la pintura del mural, la actividad incluyó instancias de diálogo, almuerzo compartido, expresiones artísticas y hasta una demostración de baile de la profesora de zumba junto a mujeres privadas de libertad.
“Estuvo todo muy lindo y ameno. Todos interactuamos y pintamos”, resumió Garro, subrayando la importancia de estas acciones para fortalecer la convivencia dentro y fuera de la unidad.
Un mural que deja huella
Con la presencia de Agó Páez Vilaró —cuyo trabajo siempre ha estado asociado al arte sanador, la expresión y la espiritualidad— la Unidad Nº 18 sumó una obra que trasciende lo visual: un recordatorio de que la integración es posible cuando el arte abre puertas donde antes había muros.

