En la 40° edición de la Feria Departamental de Clubes de Ciencias, se presentaron nuevas propuestas sobre fauna silvestre en Villasboas y la tala de monte autóctono en Durazno.
Entre el zorrillo ladrón de ajos, el zorro en la compostera y la atenta mirada del tatú
En la categoría “Cardenales”, área científica, alumnos de la Escuela N.º 49, nucleados en el club “Los Halconcitos de Villasboas”, realizaron la investigación “Muestreo de animales en la Escuela de Villasboas”.
“Nuestra investigación comenzó cuando íbamos a la huerta de la escuela y los canteros amanecían revueltos. Los ajos habían desaparecido y nos preguntamos qué animales cuadrúpedos había cerca de la escuela”, relató Santiago.
La docente Iris Noelia Rodríguez, orientadora del club, impulsó la iniciativa junto a la bióloga María Ruíz, quien les prestó una cámara trampa.
“Con esa cámara vimos al zorrillo escarbando los canteros y comiendo los ajos. También un zorro escarbó la compostera, y un tatú apareció en la zona del monte”, explicó Martina.
Tras identificar a los visitantes de la huerta, los alumnos tomaron medidas para proteger los cultivos sin dañar a los animales.
“Los animales recorren como si fuera su casa, que en realidad lo es. Nosotros somos los que los invadimos. Queremos seguir investigando para descubrir si hay más especies en la zona”, agregó Santiago.
Causa y efecto de la tala de monte autóctono

Los alumnos de la Escuela 65 de Durazno, orientados por la docente Malba Maciel y agrupados en el club “Protectores del Planeta”, categoría “Cardenales”, presentaron el proyecto “Impacto de la tala de monte”.
El grupo estudió especies autóctonas, sus características y beneficios para los seres humanos y la fauna.
“Lo primero que hicimos fue dialogar sobre si la tala del monte uruguayo afectaba al ecosistema y a la fauna autóctona”, explicó Aparicio.
“En el predio de la escuela 65 hicimos un cuadrado de diez por diez. Allí había dos árboles talados y una palmera viva. Uno de esos árboles tenía unos 22 años, lo supimos contando los anillos de su tronco. El otro estaba en estado de putrefacción y no pudimos calcular su edad”, agregó Brisa.
La investigación apuntó a concientizar a la población.
“Nuestra meta es que la gente sea consciente de lo que hace con los árboles. Muchos animales pierden sus hogares y a nosotros también nos afecta, porque gracias a los árboles tenemos oxígeno y aire para vivir mejor”, remarcó Brisa.
Una vez más, los niños dejan una enseñanza clara: cuidar el medio ambiente es responsabilidad de los adultos y un legado para las futuras generaciones.

