Martín Ruiz se presenta ante El Acontecer y su profesión, que es al mismo tiempo forma de vida, le antecede en todo momento. «Me dedico al oficio de la cuadrería y restauración de muebles», nos dice. Su estudio y su punto de residencia están en la ciudad de Durazno, aunque el trabajo le lleve cotidianamente por Trinidad, Montevideo, Salto o aquel lugar desde donde le convoquen.
En agosto está cumpliendo 22 años en el oficio, y parte de su énfasis lo pone en dar a conocer lo que hace «porque estamos quedando pocos».
Estudió y concluyó estudios en la Escuela de Artes y Artesanías ‘Dr. Pedro Figari’ de Montevideo. Trabajó —y ello fue aprendizaje para todo lo que vendría— en el Museo Pedagógico, ha realizado trabajos particulares para embajadas y ha restaurado puertas antiguas. En su diálogo encontramos anécdotas increíbles y mucha pasión por lo que hace, conocimos algunos tips del oficio y aprendimos que para restaurar también hay que conocer la pieza, saber su valor histórico, situarla en un punto exacto de la historia.
Lo que sigue es la charla con Martín, conocedor, experto, artesano por autodefinición, alguien orgulloso de realizar un oficio donde las manos prevalecen sobre la tecnología, un área donde la IA jamás podrá vencerle.
De Montevideo a Durazno
Es montevideano, pero está radicado en Durazno hace 18 años. Reconoce tener varios oficios —en su mayoría emparentados entre sí— y hace 22 años que se identifica con el rubro de la restauración de muebles, cuadrería y afines.
Estudió, aprendió, se recibió en el año 2004 con la referencia del profesor Manuel Taborda, artista y artesano reconocido a nivel nacional e internacional a partir de sus trabajos.
¿Este oficio tiene una particularidad de dividirse en lo que es la cuadrería por un lado y la restauración por otro, o van de la mano en una misma línea?
«Generalmente van de la mano, porque generalmente cuando ingresas a algún trabajo, concretamente a algún cuadro, hay cuadros que necesitan hacer algún tipo de restauración, ya sea porque tienen alguna moldura, y hay otros que los tenemos que hacer de cero y comenzamos desde el inicio».
¿Este oficio se puede heredar o decididamente se aprende en la academia?
«Para empezar esto es muy artesanal, viene de muchos años atrás y generalmente hay quienes han podido heredarlo porque en la familia había algún integrante que lo iba enseñando, algún hijo, alguna hija, alguien, porque hay varias personas en esto. Hasta hace unos 10 años se podía aprender en la UTU, en la Escuela de Artes, pero solamente lo daba el profesor Manuel Taborda, hasta que dejó de darlo, se jubiló, y nadie más lo impartió, por lo menos en la UTU».
La pasión y la familia
En tu caso, ¿cómo fue que surgió la pasión?
«La pasión por esto viene porque desde el año 2002 estaba trabajando en el Museo Pedagógico en Montevideo, entonces habíamos ingresado ahí con otro compañero a trabajar. Estábamos en el rubro de la carpintería y vimos que hacía falta algo más, que había muchas más cosas para restaurar, objetos de arte, había cuadros, había que ilustrar. Decidimos ir a estudiar a la Escuela de Artes y Artesanías como para complementar el oficio y ahí comenzó todo».
En particular en tu familia, ¿tenés conocimiento, algún antecedente vinculado a esto o no?
«No, en realidad, en la parte de lo que es la restauración de cuadro y muebles, soy yo. Después por parte de mi familia, mis padres y hermanos están en el rubro carpintería, provengo de una familia de artesanos carpinteros».
El oficio, las herramientas y la historia del arte
¿Qué tipo de elementos se necesitan para tu trabajo? ¿Requiere instrumentos particulares?
«No, particularmente se usan mucho las manos y los conocimientos. No más que un serrucho para cortar algún ángulo de algún marco, alguna madera, y después todo es muy artesanal».
¿Entendés que la tarea está emparentada también con el conocimiento de la historia del arte?
«Un poco sí, es un mundo que te va atrapando y a medida que vas ingresando en él más te apasiona. Cuando comencé fue porque trabajaba en un museo, la historia del museo mismo te va llevando pues aprendes a reconocer ciertos objetos que hay dentro del museo, para ver cómo se restauran, cómo lo vas trabajando, cómo puedes hacer para mantenerlos vivos, con el paso de los años, obviamente».
El mercado laboral y los clientes
¿Dónde están las fuentes laborales para este oficio?
«Las fuentes laborales, generalmente, siempre estuvieron más bien en Montevideo, donde se reparte mayormente la cantidad de clientes que hay, pero en el interior del país he hecho algún trabajo, específicamente acá en Durazno. Es un oficio donde vamos quedando pocos, en el interior se ve muy mínimo. Hay gente que hace cuadrería pero muy básica, más de cortar y armar algo, lo mío ya es más avanzado».
¿Tus clientes tienen conocimiento? ¿Saben al respecto del elemento que te están encargando?
«Sí, hay gente que tiene conocimiento, gente que está en el mundo del arte, que son pintores, que tienen alguna pintura, o gente que tiene láminas, o fotógrafos. Te encargan algún marco, piden enmarcar la pintura o la lámina y yo le hago el trabajo de acuerdo a lo que ellos solicitan, de repente a veces uno le da alguna idea como para lo que pueden hacer. También hay gente que no está entendida en el tema, que manda a restaurar algún cuadro, como he hecho acá. Acá en Durazno justamente tuve la posibilidad de restaurar un cuadro con más de 100 años de antigüedad».

La anécdota del cuadro secreto
En materia de trabajos que te hayan marcado, ¿qué casos querés destacar?
«Te puedo contar una anécdota, pero no te puedo dar muchos datos. Un día recibí un llamado de una familia importante, un hombre importante de Durazno, con mucha trascendencia en el departamento, y me contrataron para hacer una restauración de un cuadro que tiene una lámina importada con más de 100 años. Lo anecdótico fue que me contrataron para hacer el trabajo, pero también me pagaron para que no dijera dónde estaba el cuadro, ni quién lo tenía, eso fue lo más anecdótico. Restauré eso, una lámina muy linda, y me quedó el recuerdo de una familia muy importante del departamento».
«La tecnología jamás podrá hacer lo que logramos con nuestras manos»
Respecto a los jóvenes, ¿qué les dirías para que se puedan motivar en la misma línea que te sucedió a vos? ¿Entendés que existe un mercado apropiado?
«Creo que sí, sería bueno que los jóvenes puedan seguir y que se pueda transmitir esto del mismo modo que nos transmitieron a nosotros, a pesar de que nosotros fuimos a estudiarlo. Está bueno que lo puedan adquirir. En mi teoría los oficios nunca van a morir más allá de la tecnología. Yo me considero hijo de la UTU porque estudié allí siempre, y promuevo que se interesen por el arte, por la carpintería y la restauración, por lo que sea. Esto no va a morir, a pesar de que pueda haber mucha tecnología, hay cosas que todavía se van a mantener y hay que hacerlas a mano y artesanalmente».
Entiendo que lo ves como una competencia donde la historia y tu oficio corren con ventaja frente al avance tecnológico…
«Es así, si uno va al museo, ¿qué encontramos en el museo? Encontramos piezas y objetos de arte de años y años y años y hay que preservarlo, porque eso nos está contando los orígenes, la historia nuestra, pero con la inteligencia artificial no se puede hacer, tenemos que hacerlo con cuidado y con las manos, obviamente».

«Este cuadro está hecho por mí, es una lámina. Lo demás lo hice todo yo, con marco de oro, Paspartú francés con líneas de oro». Martín nos muestra el detalle y el orgullo trasunta la charla con El Acontecer.
Ha restaurado puertas antiguas, algunas con simbología masónica. En algunas tareas el trabajo es individual, en otras valora el aporte de colegas.
Láminas de más de 140 años, europeas, han pasado por sus manos. Pero con el mismo orgullo que nos habla del arte francés o italiano, pone en valor el enmarcado de su diploma de UTU. «Fue uno de mis primeros trabajos», dice sobre un certificado oficial que lo introdujo en un mundo del cual no quiere salir.
El contacto con Martín Ruiz, desde Durazno o cualquier parte del mundo, se puede concretar a través del teléfono 092 977 929, además de sus redes sociales, donde su nombre y apellido le permiten estar en Instagram y Facebook.

