El psicólogo Martín Lamadrid nació en Durazno, estudió en la Escuela N.º 85, el Liceo N.º 2 y el Instituto Rubino, se recibió en la Universidad de la República a los 24 años y hoy trabaja a pocas cuadras de la Torre Eiffel. En su última visita fue homenajeado en la Sala Lavalleja, con la presencia de familiares, amigos y autoridades educativas que lo vieron crecer. El Acontecer recorrió con él ese camino.
Los años de formación en Durazno y Montevideo
Lamadrid cursó la escuela en el N.º 85, la secundaria en el Liceo N.º 2 —«porque me quedaba cerca»— y en el Instituto Rubino. Repitió sexto año y se dedicó a leer en bibliotecas públicas. Cuando llegó el momento de la universidad, eligió Psicología en la Universidad de la República: «Era algo entre la lectura de la literatura más clásica y lo científico. Entendía que aquella disciplina me iba a gustar».
Radicado en Montevideo, cursó la carrera en cinco años. Destaca especialmente el rol de su madre y de la media beca del Fondo de Solidaridad, que por entonces era de $2.200 mensuales: «No era mucho, pero era lo suficiente para poder cursar lo más rápido posible, eso me permitió no tener que trabajar».
A los 24 años tenía el diploma de psicólogo en la mano y, según cuenta, «viendo qué hacer».

La decisión de irse
«De repente me di cuenta que era medio complicado empezar a trabajar acá. Y yo soy muy ansioso, y en esa ansiedad y en esa desesperación que a veces podés tener cuando no encontrás un trabajo, especialmente después de dedicarle tantos años de estudio, decidí, junto a mi pareja en ese momento, irnos a probar suerte a otro lado».
La elección de Francia fue casi casual: «Era el país que nos abría las puertas más fácilmente». Se recibió a fines de 2014 y en agosto de 2016 ya estaban instalados en París, un mes antes del inicio del año lectivo francés. «Hicimos todo el proceso de inscripción, que fue también muy engorroso, trámites con la Embajada de Francia, que si son complicados en Uruguay, imagínate los franceses, son siete veces más complicados. Después de mucha paciencia nos aceptaron en la universidad y a partir de ahí pudimos tramitar la visa de estudiante».

El francés: el problema que descubrió tarde
Lamadrid se inscribió en el máster en psicoanálisis en la Universidad de París 8, íntegramente en francés. El problema era que nunca había estudiado el idioma. «Yo nunca había estudiado francés, ese fue un problema que me di cuenta cuando ya había mandado todos los documentos, faltaba el diploma. Pero las ganas de irme eran tan grandes, que mandé un mail traducido por Google Traductor a la Secretaría de la Universidad diciendo que yo hablaba francés. Y dije, perdido por perdido, si no me aceptan al menos lo intenté, y me aceptaron en la Universidad, sin saber francés».
La dificultad no era solo comunicarse en el día a día sino pensar, debatir y escribir informes en el idioma propio de la disciplina: «El primer año del máster pasé como el latinoamericano tímido, no hablaba y era porque no podía hablar y no entendía absolutamente nada de lo que me estaban diciendo. Me tuve que ir a todas las clases porque obligatoriamente tenía que hacer 4, tenía que escuchar lo máximo que pudiera de francés, me puse a escuchar la radio, a leer cosas en francés sin entender hasta que algo me entrara, porque tampoco tenía dinero para pagar un profesor».
Los dos primeros años, describe, fueron de exclusión total: «Al no saber el idioma estás totalmente excluido, por más que la gente sea buena o te intente incluir. Hice muchos amigos latinos en la universidad, justamente por la lengua. Pero todos los ámbitos exteriores de la universidad, hablar con profesores, empezar a meterte en el mundo académico era imposible».
La urgencia fue el motor: «Sabía que si fallaba tenía que volver a Uruguay, y yo no quería, yo quería intentarlo».
De recepcionista nocturno a psicólogo de urgencias
Para sostenerse económicamente, imprimió currículums y entró al primer lugar donde se presentó: un hostel para jóvenes viajeros por Europa. Trabajaba de 10 de la noche a 8 de la mañana, tres veces por semana, treinta horas de las cuales veinte eran legales.
«Obviamente cuando me preguntaron en el hostel si hablaba francés, dije que sí, y la que me preguntó era venezolana, así que no se le ocurrió poner una prueba». En el trabajo también tuvo que lidiar con el idioma: «Me insultaron varias veces y yo agachaba la cabeza, disculpe, y siempre repetía lo mismo, estoy aprendiendo francés».
Con el tiempo, el idioma llegó. En 2018 se inscribió en un segundo máster en La Sorbona —Sorbona Norte, donde se estudia psicología— para convalidar su diploma de la Udelar: «Fue sin tener muchas pretensiones tampoco en qué iba a hacer después, simplemente se fue dando».
Validó su título y el tutor lo invitó a desarrollar una tesis de doctorado. Pandemia mediante, comenzó el doctorado y lo finalizó cuatro años y dos meses después, en marzo de 2026. Describe su actitud durante todo ese período con una frase: «Agarraba todas las oportunidades e iba hasta el fondo. No me preocupaba si podía hacerlo o no, yo lo hacía».
El trabajo hoy: crisis psiquiátricas en París
Hoy Lamadrid trabaja como psicólogo de urgencias en el CAC (Centre d’Accueil et de Crise) del hospital psiquiátrico de Ville Evrard, junto a un equipo de enfermeros y médicos. Cuando una persona sufre una crisis psiquiátrica, acude allí y recibe una evaluación rápida: «Vemos si está para hospitalizar o para efectuar un seguimiento puntual». También se desempeña como psicólogo escolar en la educación nacional francesa y da clases universitarias.
Una tesis sobre el exilio y la guerra
Su doctorado abordó el exilio y la situación de personas que escapan de guerras en África, Medio Oriente y Afganistán: «París tiene muchos centros de acogida de ese tipo de personas porque es como un punto muy neurálgico de Europa. En el imaginario colectivo de esos países es como un punto donde hay que ir para tener una especie de ayuda, que muchas veces es una trampa, yo diría que en el 90% de las veces es una gran trampa porque no hay ayuda de ningún tipo. Las personas quedan errando por la vida, muchas se intentan escapar a Londres, a otras partes de Europa, muchas veces terminan en la calle y en una precariedad absoluta».
París: «Maravillosa y al mismo tiempo muy trágica»
Consultado sobre si París es esa ciudad luminosa que muestra la publicidad, Lamadrid responde sin romanticismos: «Es como todo, todo lo que uno no conoce brilla, y uno se siente atraído. París es una ciudad muy compleja, es maravillosa y al mismo tiempo es una ciudad muy trágica. Muchas personas pueden encontrar situaciones muy comprometidas, sobre todo las personas que vienen de otros países, que están en guerra. Es una ciudad muy difícil de vivir, es grande, caótica, los franceses no son simples tampoco, pero es la ciudad que yo sigo eligiendo todavía».
«Durazno es mi lugar»
Lamadrid confiesa que durante años pensó que no volvería: «Durazno era la ciudad que yo decía no volver, ya está, no es necesario. Pero me di cuenta volviendo poco a poco, que sí, que es mi lugar, acá donde tengo mis amigos, mis recuerdos, y esos recuerdos van a estar ahí, y es donde me siento más cómodo». Cuando viene, va directo a Durazno y evita Montevideo: «Más que Montevideo, donde estudié durante 5 años, es Durazno el lugar al que quiero volver».
El mensaje para los duraznenses
En el homenaje de la Sala Lavalleja participaron niños de la Escuela N.º 85, la misma donde estudió Lamadrid. Desde ahí construyó su reflexión: «Uruguay da ciertas oportunidades desde la escuela pública. No teníamos opción de ir a colegios privados pero con muchos sacrificios y si vos tenés una pasión y ganas de hacer algo, yo creo que lo básico Uruguay te lo da. Y eso después es una gran llave para abrir varias puertas en el mundo también. El estudio es eso, es una llave que te abre muchas puertas».
Lo que viene
A futuro, Lamadrid proyecta consolidarse como docente universitario en Francia: «Me gustaría instalarme mejor como profesor en Francia, ya estoy dando clases, pero me gustaría dedicarme todavía más a la universidad. Poco a poco, no me estoy proyectando tampoco grandes cosas».

