La profesora Lucía “Lula” Andrade completó la travesía hasta el Valle de las Lágrimas junto a un grupo de mujeres que enfrentaron el cáncer de mama, en una experiencia de superación personal y mensaje de esperanza.
La profesora duraznense Lucía “Lula” Andrade logró completar la travesía a pie por la Cordillera de los Andes hasta el Valle de las Lágrimas, participando de una expedición integrada por mujeres que enfrentaron el cáncer de mama.
El desafío reunió a 38 mujeres con diagnóstico oncológico, quienes recorrieron cerca de 50 kilómetros por la montaña acompañadas por médicos y guías especializados.
La experiencia culminó en el memorial del accidente aéreo de 1972, conocido mundialmente como el Milagro de los Andes, ubicado en Mendoza.






Un mensaje desde la montaña
Tras finalizar el recorrido y recuperar señal en su teléfono, Andrade envió un breve mensaje que reflejó la emoción del momento.
“Recién agarro señal… Mirá dónde estábamos. ¡Cruzamos la cordillera caminando!”, escribió en un mensaje de WhatsApp acompañado de imágenes tomadas durante la travesía.
Sus palabras resumieron el significado personal de la experiencia, que para muchas de las participantes representó un símbolo de vida, resistencia y superación.
Una iniciativa con mensaje de esperanza
La expedición fue impulsada por el oncólogo Fernando Petracci, del Instituto Alexander Fleming, con el objetivo de transmitir un mensaje de esperanza para quienes atraviesan o han atravesado la enfermedad.
Tres uruguayas formaron parte del grupo que realizó la travesía.
Entre ellas estuvo la duraznense Andrade, quien fue invitada a participar por la médica oncóloga María Guerrina Valeta, que además fue su médica tratante.
“Cerrar un ciclo y celebrar la vida”
Antes de iniciar el viaje, Andrade había compartido el sentido profundo que tenía para ella esta experiencia.
“Voy como una forma de cerrar un ciclo, de acompañar a mi oncóloga y de celebrar esta vuelta a la vida activa”, había expresado.
La llegada al Valle de las Lágrimas, donde se recuerda la tragedia aérea de 1972, tiene para los participantes un fuerte significado simbólico.
Para las mujeres que completaron esta travesía, alcanzar ese lugar representa la confirmación de que, incluso después de atravesar momentos muy difíciles, es posible volver a caminar, volver a soñar y volver a vivir plenamente.

