Una investigación desarrollada por la Universidad de la República (Udelar) concluyó que el glifosato puede ingresar a las colmenas y, posteriormente, a la miel a través del propio cuerpo de las abejas. El trabajo, al que accedió El Acontecer, aporta evidencia científica sobre una de las principales preocupaciones del sector apícola y propone medidas para reducir la contaminación sin afectar la producción agrícola.
El estudio, denominado «Rutas de Ingreso del Glifosato y Destino en la Colmena», fue financiado por el Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria (FPTA) del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y buscó determinar cómo el herbicida utilizado ampliamente en la agricultura, especialmente en cultivos de soja transgénica, llega hasta las colmenas.
La investigación demostró que las abejas pueden impregnarse de glifosato cuando visitan flores ubicadas en predios cercanos a las aplicaciones del herbicida. Luego, al regresar a la colmena, transportan esas partículas en su propio cuerpo, convirtiéndose en una vía de ingreso del producto.
Un trabajo interdisciplinario
El equipo estuvo integrado por investigadores de distintas facultades de la Universidad de la República junto al apicultor Daniel Sánchez.
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Participaron Estela Santos y Ciro Invernizzi, del Instituto de Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias; Pablo Cracco, de la Facultad de Agronomía; Verónica Cesio y Horacio Heinzen, del Grupo de Análisis de Compuestos Traza de la Facultad de Química; y Lucas Archondo, Ivana Silva, Katherine Esquibel y Silvina Niell, del Departamento de Química del Litoral del Centro Universitario Regional Litoral Norte, sede Paysandú.
Las investigadoras Silvina Niell y Estela Santos explicaron que el objetivo fue comprender cómo llega el glifosato a la colmena para generar herramientas que permitan proteger tanto la producción apícola como la agrícola.
Cómo se desarrolló el estudio
Los ensayos se realizaron en predios agrícolas y forestales de Canelones y Treinta y Tres.
En Canelones se utilizaron los campos experimentales de la Facultad de Agronomía y predios privados vinculados a pequeños y medianos productores de Villa Nueva, en Sauce. La selección respondió a la necesidad de conocer con precisión el historial de uso del suelo y las aplicaciones de glifosato.
Los investigadores instalaron apiarios experimentales para monitorear el comportamiento de las abejas y analizar la presencia del herbicida en distintos componentes de la colmena.
La pregunta inicial fue concreta: ¿por qué vía ingresa el glifosato a la colmena?
Para responderla diseñaron experimentos destinados a evaluar si el ingreso ocurría a través del polen, el néctar, el agua, la cera o el cuerpo de las propias abejas.
Hasta ahora esta última posibilidad nunca había sido comprobada científicamente.
La deriva, uno de los principales riesgos
Las investigadoras señalaron que uno de los fenómenos más importantes detectados es la denominada deriva, es decir, el desplazamiento del herbicida fuera del lugar donde se aplica debido al viento u otros factores ambientales.
Cuando esto ocurre, las abejas pueden entrar en contacto con el producto mientras están en vuelo o recolectando néctar.
«La deriva es un problema grande para las abejas porque hace que les llegue el producto en su forma más concentrada», explicaron.
Una investigación surgida del sector apícola
El proyecto nació como respuesta a una preocupación planteada desde hace varios años por productores, exportadores de miel y la Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola.
Estas organizaciones buscaban conocer con precisión cuáles eran las vías mediante las cuales el glifosato terminaba apareciendo en la miel exportada.
Cuando el INIA abrió un llamado específico para investigar el tema, el equipo presentó la propuesta, que comenzó a ejecutarse hacia fines de 2021, luego de las demoras generadas por la pandemia.
Durante todo el proceso existió un intercambio permanente entre investigadores, productores y exportadores, quienes siguieron la evolución del trabajo y realizaron aportes para el desarrollo de los ensayos.
Ensayos con aplicaciones diurnas y nocturnas
Uno de los experimentos consistió en reproducir aplicaciones reales de glifosato utilizadas para controlar malezas en cultivos de maíz.
En esas pruebas se comparó el efecto de fumigaciones realizadas durante el día con otras efectuadas en horario nocturno.
Los resultados mostraron que cuando las aplicaciones se realizan en momentos en que las abejas ya no están trabajando sobre los cultivos, la presencia de glifosato en el néctar recolectado disminuye de forma significativa.
Para desarrollar este ensayo fue necesario coordinar con los aplicadores, ya que habitualmente estas tareas se realizan durante el día.
El glifosato llega, pero en niveles bajos
La investigación confirmó que el cuerpo de las abejas constituye una vía de ingreso del glifosato a la colmena.
Sin embargo, también concluyó que, al menos en la miel, los niveles detectados mediante este mecanismo fueron bajos.
En la mayoría de las muestras, las concentraciones quedaron incluso por debajo del límite de cuantificación utilizado por los laboratorios.
Como referencia se utilizaron los parámetros establecidos por la Unión Europea, que fijan un máximo de 50 microgramos de glifosato por kilogramo de miel.
Ese valor no fue alcanzado en los ensayos, salvo en situaciones muy puntuales donde se simuló una exposición directa durante fumigaciones con intensa actividad de las abejas.
Los investigadores aclaran, no obstante, que esta vía de contaminación se suma a otras consideradas más importantes, especialmente la proveniente del néctar, que posteriormente es transformado directamente en miel dentro de la colmena.
Recomendaciones para proteger las colmenas
A partir de los resultados obtenidos, el equipo plantea varias medidas de manejo relativamente sencillas.
Entre ellas, recomiendan evitar aplicaciones de glifosato durante la floración de los cultivos, especialmente de soja, etapa en la que las abejas tienen una intensa actividad.
Las investigadoras señalaron que aplicar herbicidas en ese momento constituye además una mala práctica agrícola, ya que implica llegar tarde al control de las malezas.
También sugieren privilegiar horarios con menor actividad de las abejas para realizar las aplicaciones y mantener, siempre que sea posible, distancias suficientes entre las colmenas y las zonas fumigadas para reducir el efecto de la deriva.
Reconocen, sin embargo, que esta última recomendación resulta difícil de aplicar debido a la distribución territorial de la actividad apícola.
Los resultados ya impulsan cambios
Los hallazgos del estudio ya comenzaron a tener consecuencias prácticas.
La Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola utilizó esta y otras investigaciones internacionales para solicitar al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca la aprobación de una normativa que prohíba la aplicación de glifosato durante la floración de cultivos y malezas.
El planteo permanece actualmente en análisis por parte de las autoridades.
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