En una ciudad donde el ritmo cotidiano parece no detenerse, un grupo de duraznenses decidió hacer una pausa para mirar a quienes muchas veces quedan al margen.
Son personas de distintas edades, profesiones y realidades, unidas por una misma convicción: ningún adulto mayor debería sentirse solo ni olvidado.
Cada semana, los integrantes de Granito de Arena visitan residenciales de Durazno para compartir tiempo, escuchar historias y generar momentos diferentes. Llegan con canciones, juegos, libros, manualidades, instrumentos musicales o simplemente con ganas de conversar.
La propuesta nació con una premisa sencilla: brindar compañía y alegría a quienes durante tantos años dieron lo mejor de sí a sus familias y a la sociedad.
“Para despedir agosto salimos a pasear y jugar por la avenida, y esa alegría es la que llevamos a cada uno de los residenciales de la ciudad de Durazno con el fin de brindarles cariño y amor a los abuelos”, contó a El Acontecer Eliza Scott, integrante de Granito de Arena, grupo que trabaja desde hace un tiempo junto al profesor Fernando Henig.
La iniciativa no se limita a llevar actividades. En cada visita también existe un intercambio. Los voluntarios llegan pensando que serán ellos quienes llevarán alegría, pero rápidamente descubren que reciben historias, recuerdos, enseñanzas y afecto.
Canciones, teatro y una merienda
La propuesta busca generar momentos diferentes dentro de los residenciales, apelando a actividades sencillas que permitan compartir y romper con la rutina.
“Nuestra propuesta es llegar a los residenciales con canciones, obras de teatro, también con payasos, para que los abuelos tengan un momento distinto, lleno de alegría”, explicó Scott.
También suelen llevar algo para compartir durante la merienda.
“Llevamos alguna torta y la compartimos con ellos y, la verdad, a nosotros nos da una satisfacción tremenda poder aportar nuestro granito de arena para que los abuelos puedan disfrutar”, señaló.
Según contó, los residentes esperan las visitas con entusiasmo porque saben que habrá un momento de diversión y encuentro.
En fechas especiales también organizan pequeñas celebraciones. Una torta, una velita y un cumpleaños compartido pueden parecer gestos mínimos, pero adquieren otro significado para quienes viven en un residencial.
Historias que también merecen ser escuchadas
Cada adulto mayor tiene detrás una vida llena de experiencias, aprendizajes, luchas y recuerdos. Algunos fueron maestros, enfermeros, agricultores, comerciantes, artistas o trabajadores incansables. Otros dedicaron buena parte de su vida al cuidado de sus hijos, sus familias o su comunidad.
Escucharlos también forma parte del voluntariado.
La empatía es uno de los pilares de la iniciativa. No siempre se necesita organizar una actividad extraordinaria: muchas veces alcanza con sentarse al lado de alguien, preguntarle cómo está y escuchar su respuesta sin apuro.
Una conversación, un abrazo, una canción o una taza de café compartida pueden transformar un día.
Y el intercambio funciona en ambas direcciones. Los voluntarios también aprenden de la fortaleza de los mayores, de sus recuerdos, de su sentido del humor y de su capacidad para encontrar valor en los pequeños detalles.
Se necesitan más voluntarios
Granito de Arena mantiene abierta la invitación a quienes quieran sumarse.
No es necesario tener experiencia como voluntario ni disponer de grandes recursos. Se puede colaborar de diferentes maneras: visitando los residenciales, leyendo un cuento, enseñando una canción, participando de una actividad o ayudando a preparar una merienda.
Cada persona puede aportar algo diferente.
Quien sabe tocar un instrumento puede ofrecer música. Quien disfruta de la cocina puede preparar algo para compartir. Quien tiene facilidad para conversar puede brindar compañía. Otros podrán colaborar con juegos, manualidades, lecturas o simplemente estando presentes.
La convocatoria apunta a que más personas se incorporen y permitan ampliar la cantidad de actividades y visitas.
Una invitación a estar presentes
Quienes quieran ser parte de esta iniciativa pueden acercarse al CIB Plaza 1 y hablar con el profesor Fernando Henig.
El objetivo va más allá de una actividad puntual. Se trata de recuperar el valor de estar presentes y de construir una comunidad en la que los adultos mayores puedan sentirse escuchados, respetados y acompañados.
Porque la alegría que se lleva a un residencial no termina cuando los voluntarios se retiran. Queda en las sonrisas, en las conversaciones, en los recuerdos y en los vínculos que se construyen.
Y también vuelve con quienes participan.
Granito de Arena propone, justamente, eso: aportar algo pequeño que, cuando se comparte, puede terminar siendo enorme.

