La energía solar en Durazno suma una experiencia concreta a partir del trabajo de estudiantes de la Universidad Tecnológica, que instalaron un sistema fotovoltaico en un liceo del barrio Las Higueras, combinando aprendizaje práctico, trabajo en equipo y compromiso con la comunidad educativa.
Cuando se buscan experiencias positivas para el desarrollo de la comunidad, la Universidad Tecnológica aparece de forma recurrente. Ya sea desde proyectos académicos o iniciativas con impacto territorial, sus estudiantes y docentes aplican conocimientos técnicos en acciones concretas.
En este caso, siete estudiantes de segundo año de la carrera de Ingeniería en Energías Renovables realizaron su práctica preprofesional en el Liceo Impacto de Durazno, donde llevaron adelante la instalación de un sistema fotovoltaico. La experiencia unió formación técnica con compromiso social, enfrentando los desafíos propios de una obra real.
Marco cooperativo
La iniciativa se desarrolló en el marco de un convenio de cooperación entre UTEC y el Liceo Impacto. Liderados por los docentes Matías Loinaz y Allan Braz, los estudiantes trasladaron la teoría del aula a una aplicación concreta en la comunidad.
La instalación corresponde a un sistema solar conectado a la red eléctrica, posible gracias a una donación de UTEC al centro educativo. Esto permitirá generar energía para autoconsumo y volcar el excedente a la red de UTE, promoviendo un modelo de intercambio energético.
El grupo estuvo integrado por estudiantes de distintos puntos del país: Diego Arbiza (Artigas), Agustina Colman (Florida), Luisina Invernizi y Mercedes Olivera (Salto), Mariana Martínez (Montevideo), Milagros Bermúdez (Flores) y Juan Tiscordio (Durazno).
Aprender haciendo: el valor de la práctica
Desde UTEC se destacó que la experiencia reforzó un concepto clave de la formación profesional: no es lo mismo un ejercicio de laboratorio que una instalación real con impacto directo en una institución educativa. La práctica preprofesional marcó un hito en el recorrido formativo del grupo.
Mariana Martínez subrayó la importancia de salir del entorno académico y enfrentarse a una obra concreta. Por su parte, Agustina Colman destacó el trabajo en equipo y la organización como elementos centrales para lograr un buen resultado y asegurar que todos pudieran aprender.
La instalación demandó varias instancias de trabajo intensivo en el predio del liceo. Los estudiantes participaron desde el diseño y el montaje hasta el proceso de trámite ante UTE para su habilitación. La puesta en marcha está prevista para febrero de 2026.
Matías Loinaz explicó que se trata de estudiantes que finalizaron el segundo año de la carrera y que llegarán al tercero con una experiencia práctica ya incorporada, lo que les permitirá abordar nuevas instancias formativas con otra perspectiva.
Mercedes Olivera expresó que el proyecto le cambió completamente la forma de ver la carrera. Pasar de la teoría a un proyecto real le permitió comprender mejor los contenidos y entender cómo se trabaja en la práctica profesional, donde la capacidad de adaptación y resolución de problemas es fundamental.
Un proyecto con futuro
Desde UTEC señalaron que la experiencia no se agota en la instalación. Una vez operativo el sistema, se prevé avanzar en un pequeño plan piloto de agrofotovoltaica, que permitirá aprovechar el espacio bajo las estructuras para el desarrollo de cultivos experimentales.
Más allá del resultado técnico, el valor del proyecto también es humano. Para los estudiantes, dejar una instalación que seguirá funcionando en el liceo representa un legado concreto. Como expresó Mercedes Olivera, acercar la energía solar a una institución educativa también es una forma de inspirar a futuras generaciones.

