Contaba uno de los protagonistas que la mañana del 12 de agosto de 1943 estaba clara y luminosa, “el instructor Nilo Zerpa nos había hecho un plancito de vuelo, dias antes, y nos largamos a la aventura de volar hasta Buenos Aires, con la compañía de Raúl Martínez”.
Eso contaba, quién fue el piloto de este singular raid, don Avelino Abi Rached, conocido comerciante en el Durazno de aquella época.
El Aero Club de Durazno, fundado en 1940, había posibilitado la formación de una veintena de pilotos civiles, entre 1941 y 1946, Abi Rached y Martínez estaban entre ellos.
Se volaba en aviones muy elementales como los Taylor y los Piper de entonces, y la institución tenía su lugar de operaciones en predios de la Base Aérea 2, en Santa Bernardina.
Según el citado piloto, Zerpa les dio una serie de indicaciones sobre la navegación y en la soleada mañana de agosto salieron en el Taylor en dirección a Buenos Aires.
En ese año de 1943, la guerra mundial estaba en su apogeo, pero no tenía demasiada incidencia en la vida de esta región del Plata.
En ocasión de una entrevista a Abi Rached en el año 2007, nos contaba en la misma sobre lo rudimentario del vuelo entonces. “Eran épocas de vuelo visual, prácticamente a ojo. Un mapa y la ayuda de la brújula y un poco más. No había radio”
“En casi tres horas hicimos el viaje de ida, y en un tiempo similar el de retorno” decía entonces.
Una empresa osada para dos pilotos muy jóvenes y con poca experiencia de vuelo.
Avelino había nacido en Florida en 1919, pero siempre, desde muy joven vivió en Durazno. En 1942 egresó del curso de Piloto privado en el Aero Club de Durazno, con el Brevet número 386, y la licencia de vuelo 1767 que le habilitaba a volar aviones de hasta 130 HP de potencia.
El Aero Club había sido fundado en octubre de 1941 bajo los auspicios del Capitán Juvenal Rodríguez.
El éxito de la empresa estuvo apoyado, fundamentalmente, en el nivel de los pilotos que salían formados de la institución. Raúl Martínez Fernández había egresado en 1941, en la primera tanda de pilotos noveles.
Durazno, tierra de aviadores
Durazno ha tenido desde principios del siglo pasado una relación intensa e íntima con la aeronáutica. Desde la llegada del globo de Cabral en 1912, y en 1914 del primer aviador en aterrizar por aquí, Bonilla y su avión Uruguay IV, larga es esa relación con las actividades del vuelo.
El piloto militar Daniel Puyol publicó en 2014 un libro que tituló “Durazno, tierra de aviadores” donde recuerda su pasaje por la aeronáutica militar, en especial en Durazno y cuenta allí muchísimas anécdotas.
La referencia a Durazno es apoyada además por otros datos históricos. El Teniente 2do. Mario Walter Parallada fue el primer aviador duraznense, egresado de la Aeronáutica Militar en 1923 y fallecido trágicamente en 1925.
En 1924, el Cnel. Cesáreo Berisso, teniendo como copiloto a Parallada, cruza a Buenos Aires pilotando un avión Breguet. En el viaje de regreso el aeroplano fue conducido por el aviador duraznense.
El primer piloto civil fue Juan José Iglesias egresado del Aero Club en 1941, y la primera mujer en hacerse al aire en una avioneta, Lydia Ghigliano que se recibe de piloto en 1950.
Así, en estas tierras, muchos han hecho realidad su deseo de volar.

