El Liceo de La Paloma, en el departamento de Durazno, es uno de los 28 centros educativos de Educación Secundaria que en 2026 se incorporan al programa de Aulas Comedor de la ANEP. La iniciativa, enmarcada en la política de Ampliación del Tiempo Educativo, busca duplicar la cantidad de estudiantes con acceso a alimentación en liceos públicos: de 20.000 a más de 40.000 en todo el país.
El director general de Educación Secundaria, Manuel Oroño, explicó el alcance de la propuesta: «Las aulas comedor brindan mucho más que alimentación. Serán un espacio de integración, acompañamiento y escucha, donde todos los estudiantes del liceo compartirán, no solo algunos. Esto permitirá generar estrategias de continuidad educativa y apoyo a las trayectorias».
No es para algunos, es para todos
El énfasis del programa es claro: no se trata de un comedor selectivo para estudiantes en situación vulnerable, sino de un espacio para la totalidad del estudiantado. «No es para que algunos estudiantes coman, sino que se pretende que todos los estudiantes acompañen esto y generen estrategias que les permita consolidar el aprendizaje», subrayó Oroño.
La propuesta concibe el momento de la comida como una extensión del aula: un espacio de intercambio, convivencia y construcción de vínculos que complementa el tiempo pedagógico formal. Desde la ANEP se plantea como «un cambio de paradigma que busca resignificar el momento de la alimentación como una experiencia colectiva de mesa compartida, donde se construyen vínculos y se transmiten valores y cultura».
La región centro sur
En la zona centro sur del país, las aulas comedor se instalan en La Paloma (Durazno), Paso de los Toros y San Gregorio de Polanco (Tacuarembó). El programa llega a un total de 17 departamentos.
La infraestructura
Las aulas están construidas con estructura metálica, revestimientos de fenólicos e isopanel, con aberturas y extintores incorporados. Una vez ensamblados los módulos —con una superficie de 13,80 por 6 metros— se instalan los sistemas complementarios: acondicionadores de aire, campana de extracción, piso flotante y demás elementos técnicos. El proceso concluye con la incorporación del mobiliario y la vajilla.
Para definir los centros beneficiarios, la ANEP evaluó el contexto territorial, la infraestructura, las condiciones de viabilidad y la capacidad de cobertura de cada institución.

