El último informe del DILAVE revela un cambio crítico en el mapa sanitario nacional, con brotes de enfermedades raras y el avance de la Tristeza Parasitaria hacia el sur. El diagnóstico precoz y la profesionalización del sector se vuelven vitales ante el resurgimiento de patologías que no se registraban desde hace una década en establecimientos de Flores y San José.
El Laboratorio Regional Noroeste del DILAVE, con sede en Paysandú, presentó su informe anual de «Casos Destacados en Salud Animal». La instancia, que reúne a la élite de la veterinaria de libre ejercicio, encendió las alarmas sobre el desplazamiento de patologías hacia zonas tradicionalmente seguras.
Uno de los puntos de mayor preocupación para el sector agropecuario es la expansión de la Tristeza Parasitaria Bovina. Según los expertos, se ha detectado un aumento significativo de casos de Anaplasmosis en departamentos como Colonia, Soriano, Flores y San José, áreas consideradas históricamente libres de garrapata.
Este fenómeno no es casual. Los técnicos asocian esta dispersión a la condición de portador de la enfermedad y, fundamentalmente, al constante movimiento de animales entre regiones. La situación obliga a los productores del centro-sur a extremar precauciones ante una amenaza que antes veían como lejana.
El diagnóstico como escudo sanitario Según la Dra. Matto, el éxito del control sanitario reside en la precisión: «La necropsia completa y una buena historia clínica son fundamentales. Muchas veces, en los detalles que aporta el productor o el personal del establecimiento, está la clave del problema».
La jornada también arrojó datos sobre hallazgos inusuales que exigen una vigilancia epidemiológica estricta. En un tambo de San José, se diagnosticó un caso de Fiebre Catarral Maligna, una enfermedad viral poco frecuente en bovinos que suele confundirse con la temida Fiebre Aftosa.
Este virus, portado por ovinos, volvió a manifestarse tras diez años de ausencia en los registros nacionales. Los especialistas atribuyen su reaparición a cambios puntuales en los sistemas productivos, donde la convivencia estrecha entre vacas y ovejas vuelve a generar puentes de contagio biológico.
Por otro lado, el DILAVE intervino en un brote de gangrena gaseosa en equinos que inicialmente fue denunciado como una reacción adversa a un fármaco. La investigación técnica desestimó la falla del producto, confirmando que el origen del problema fue una mala praxis en la administración.
Finalmente, el laboratorio reportó un crecimiento sostenido en la demanda de diagnósticos, alcanzando un promedio de 600 ingresos anuales. Este aumento refleja una gestión cada vez más empresarial de los sistemas productivos en Uruguay, impulsada por la profesionalización y los buenos precios internacionales de la carne y la leche.

