El exintendente Carmelo Vidalín valoró el rumbo de la actual gestión, reflexionó sobre los amigos del poder y de la vida, y aseguró que los reconocimientos que más pesan son los que uno se hace al ver las obras concretadas.
“Es como mirarme al espejo en mis inicios”
En los primeros meses de gestión de la actual administración departamental, el exintendente Carmelo Vidalín afirmó ver en el actual jefe comunal, Felipe Algorta, un reflejo de sus propios comienzos en la política.
“Es como que me mirara al espejo. Veo a un intendente joven, pujante, con ganas, con impulso y con la mira puesta en traer emprendimientos, dando continuidad a la obra que dejamos en marcha”, señaló Vidalín, dejando atrás los enfrentamientos propios del período electoral.
Reconoció, además, que con el paso del tiempo aprendió a valorar y a querer al actual intendente, destacando una actitud que considera clave para la vida política: la capacidad de trabajar en unidad.
Aprendizajes de viejas internas y mirada hacia adelante
Vidalín recordó que sus inicios estuvieron marcados por una “guerra muy blanca” entre iturristas y apolistas, a fines del siglo pasado, experiencia que —dijo— le enseñó la importancia de construir acuerdos.
“Eso es algo que uno debe seguir cultivando. En ese sentido, le pongo una gran ficha al intendente Algorta. Lo está demostrando y debe seguir por ese camino”, afirmó quien gobernó el departamento en cuatro períodos, entre 2000 y 2010 y entre 2015 y 2025.
Continuidad de obras y “grandeza de espíritu”
El exjefe comunal destacó especialmente la decisión de la actual administración de continuar proyectos iniciados en su gestión. Mencionó, entre otros, el estadio cerrado Ernesto de León, Mayoral Aguirre, el camino Andrade, Gutiérrez Ruiz y la cancha sintética.
“Podría haber dicho ‘esto es de otro, no lo sigo’. Sin embargo, demuestra una grandeza de espíritu muy importante”, subrayó, recordando que muchas de esas obras dependen aún de la aprobación presupuestal en la Junta Departamental de Durazno.
También valoró iniciativas nuevas, como la plaza techada proyectada junto a los silos del viejo molino Caorsi, destacando los pasos dados para declarar el bien patrimonio departamental y avanzar en su expropiación.
“La continuidad de las obras es una señal de madurez política y de respeto por la gente”.
Reconocimientos en vida y balances personales
Consultado sobre la posibilidad de recibir homenajes, Vidalín fue claro. Recordó una propuesta pasada para que la ex ruta 4 llevara su nombre, pero sostuvo que “aún no es tiempo”.
“Estoy para reconocimientos pequeños, que me los hago yo mismo cuando paso por un lado y digo: esta obra la hicimos en mi administración”, expresó, mencionando plazas y espacios públicos construidos o recuperados en distintos puntos de la ciudad.
Enumeró recorridas recientes por plazas del barrio Churchill y Aldama, el Parque Inundable, José Pedro Varela, plaza 1, Sainz, Varona, Ítala Mondragón y la nueva plaza de calle Gutiérrez Ruiz, como ejemplos de ese balance íntimo.
Iturria, el maestro y la continuidad
Vidalín se mostró especialmente reconfortado por el homenaje al doctor Raúl Iturria, a quien definió como su maestro en política.
“Muchos dicen que el parque lo armé yo. Es cierto, pero el visionario de tener este pulmón verde dentro de la ciudad fue Raúl”, señaló, vinculando ese reconocimiento con la idea de continuidad entre gobiernos.
Recordó también que durante una de sus administraciones se homenajeó a Iturria al poner su nombre a la piscina de Sarandí del Yí, tras su cierre y climatización.
Amigos del poder y amigos de la vida
Entre las enseñanzas que dijo haber recibido de Iturria, Vidalín destacó dos frases que lo marcaron. Una, vinculada al funcionamiento político: “Cuando quieras que algo no salga, formá comisiones numerosas”.
La otra, más profunda y vigente con el paso del tiempo, refiere a las relaciones personales: “El sillón tiene muchos amigos, la vida no tiene tantos”.
“Cuánta razón: amigos del poder son muchos; de la vida, no tantos”.
Vida cotidiana y mirada serena
Alejado de la política activa —aunque sin descartar ocupar temporalmente una banca en el Senado—, Vidalín contó que hoy su vida transcurre entre su casa, su barrio y actividades cotidianas.
“Piscina, gimnasio, caminar, leer, disfrutar de mis hijos, nietos, mascotas, mi familia. Estoy feliz”, resumió, con emoción.
Sobre su salud, reconoció que debe cuidar su columna y seguir bajando de peso, aunque lo tomó con humor: “Cuando una resonancia sale más o menos, voy y me hago otra para ver si sale mejor”, dijo entre risas.
A los 70 años, Vidalín cerró la charla con una reflexión sencilla: agradeció a Dios por el tiempo vivido y a los profesionales que lo acompañan, reafirmando una etapa de balance, serenidad y memoria activa sobre su paso por la vida pública de Durazno.

