Durazno suena cada vez más fuerte. ¿Hasta cuándo los escapes libres y parlantes en la calle? Casaballe advirtió en la Junta que el ruido también enferma.
En la última sesión de la Junta Departamental, la edila por el Espacio 609, Ana Laura Casaballe, planteó su preocupación por la contaminación sonora en Durazno, un problema que, según dijo, muchas veces se minimiza pero que tiene serias consecuencias para la salud y la convivencia.
Recordó que mientras se habla seguido de la contaminación del aire, poco se menciona el ruido, que puede ser igual de nocivo. Explicó que lo que para algunos es música, para otros puede ser un sonido insoportable, y que el exceso de decibeles termina afectando el sueño, la audición, la salud mental e incluso la vida cotidiana de niños y personas con sensibilidad auditiva, como quienes tienen autismo.
A nivel local, la edila señaló dos fenómenos que cualquiera puede constatar en las calles: los escapes libres de motos y los autos con parlantes externos, conocidos como “boomcar”. Con datos técnicos de la Facultad de Ingeniería, detalló que una moto con silenciador emite 90 decibeles, sin silenciador llega a 125 y un auto con sonido externo puede alcanzar los 140. “Lo vemos en plazas, semáforos o hasta en el Parque de la Hispanidad”, apuntó.
Casaballe recordó que existe una ley nacional de 2004 contra la contaminación acústica, pero nunca se reglamentó, y que en Durazno rige una ordenanza desde 1997 que fija un máximo de 85 decibeles. Sin embargo, advirtió que esa norma está desactualizada y, lo más grave, es que prácticamente no se aplica.
“La idea no es callar la ciudad, sino diferenciar los sonidos que enriquecen de los que nos enferman”, subrayó, poniendo como ejemplo el campanario de la Iglesia San Pedro como parte de la identidad cultural duraznense. Finalmente, pidió que sus palabras fueran remitidas a distintas comisiones de la Junta, al Ejecutivo Departamental y al Ministerio de Ambiente.

