Nacho Díaz tiene 64 años, un campo sobre Ruta 14 contiguo al Frigorífico BPU —en la familia desde 1980— y una majada que en cuestión de días pasó de 145 ovejas a apenas 50 vivas. El resto, muertas o gravemente comprometidas por el ataque de perros. La pérdida económica supera los USD 15.000. El daño en el ánimo, confiesa, es difícil de medir.
«Además de la pérdida económica está el desánimo, las ganas de no seguir. Atropellan tus derechos porque yo tengo derecho a tener mis animales y lo hago responsablemente», dice en diálogo exclusivo con El Acontecer.
El primer ataque
La majada de algo más de 140 ovejas era, según describe Díaz, «para despuntar el vicio, porque hace 50 años que tengo ovejas». El trabajo era metódico: cada noche se encerraban los animales en un piquete cercano al casco. Un episodio aislado al norte de la ruta había dejado 5 ovejas muertas, pero la situación se había calmado.
Hasta que llegó la noche decisiva. «Partimos de la base de un error nuestro: no se encerraron, quedaron en el campo, y ahí los perros mordieron y mataron. Esa misma noche, cuando terminamos la cuenta a media mañana, vimos unas 25 ovejas muertas, y entre 25 y 30 más mordidas. De esas mordidas hasta el segundo episodio, habían muerto 56», relata aún conmovido.
El segundo ataque: el productor vio los perros
El segundo episodio ocurrió días después. Las ovejas se habían largado temprano a pastar como era costumbre. «Cuando llegamos, encontramos por una senda de paso dos ovejas que iban disparando, lastimadas. Me adelanté en la camioneta y ya vi que la matanza era grande, la majada toda arrinconada en el potrero, y el tendal de ovejas».
Fue en ese segundo ataque que Díaz pudo ver a los responsables: «Un perro negro —perro o perra— ovejero y un perrito marrón, mediano». Le llama la atención la saña del ataque, considerando el escaso porte de los animales frente a ovejas de 60 a 70 kilos. «Me imaginé perros de cazadores o perros del pueblo que vienen al frigorífico».
El saldo y las responsabilidades
El saldo final es tremendo: 66 ovejas muertas, más otras que van muriendo de a poco producto de las heridas. Díaz perdió «hasta el ánimo de contarlas».
Sobre las responsabilidades, el productor distribuye su análisis con cuidado pero sin esquivar el tema. Valora el accionar policial —»que siempre ha estado al momento que se los ha llamado»— pero apunta al Estado: «Las autoridades nacionales que exigen tanto y nos cobran tantos impuestos deberían protegernos un poco más». También señala a quienes tienen perros sin poder mantenerlos: «El perro sale, se toma salvaje como el zorro. Es irresponsabilidad de la gente del pueblo que cría animales que no puede mantener».
Y tiene un mensaje para las organizaciones animalistas: «Pareciera que los tenedores de animales que no sean perros somos los culpables. Ese tipo de activistas deberían marcar una tendencia en la responsabilidad de los animales».
Su reflexión final resume la paradoja de quien produce con cuidado y pierde sin remedio: «Cuando pasan estas cosas, se te va el alma al piso».

