Hay más de mil trabajadores de la construcción en seguro de paro en Durazno. El dato lo puso sobre la mesa el edil Gabriel Díaz durante la sesión del jueves, y quedó flotando en el aire de la Junta Departamental. Gente capacitada, disponible, esperando que la obra más grande que tiene hoy la ciudad empiece a demandar brazos en serio.
Porque por ahora, lo que se ve en el predio de la terminal no se parece a lo que imaginan quienes esperan un shock de actividad. Esa brecha entre la expectativa y la realidad visible fue la que generó buena parte de las preguntas del jueves.
Dos tipos de promesa laboral
Marcos Taranto, titular del grupo inversor, distinguió dos etapas bien diferentes.
La primera es la etapa de obra. El pico de trabajadores simultáneos durante la construcción alcanzará las 308 personas, entre la empresa constructora Stiler y los trabajadores de los distintos locatarios que irán acondicionando sus espacios. Ese número no se alcanza de golpe sino que sigue la llamada curva S: arranca despacio, crece sostenidamente y llega al pico cuando el edificio está avanzado y entran todos los gremios al mismo tiempo.
La segunda es la promesa del largo plazo. Una vez abierto el shopping, con más de 50 locales, el hipermercado Tata, las salas de cine, el bowling y todas las propuestas de servicios y gastronomía, la estimación de puestos de trabajo permanentes supera los 720.
«Si solamente hay 50 comercios más la actividad de la terminal, más el hipermercado y un montón de otras propuestas, estamos hablando de cientos de puestos de trabajo durante el largo plazo», explicó Taranto. Son empleos estables, de los que generan arraigo, no safras.
¿Por qué la obra no se ve todavía?
Es la pregunta que más incomoda y que el edil Díaz formuló sin rodeos. La respuesta de Taranto fue técnica pero clara.
El Shopping Terminal no es una obra de hormigón armado convencional sino una estructura metálica, y eso cambia completamente la lógica de los tiempos.
«Al principio las obras van abriendo cancha, generando un proceso que en este caso es más lento que lo tradicional, porque no es una obra civil común. Es una obra de infraestructura civil que cuando llegue la estructura metálica despega a velocidades que ni ustedes lo van a poder creer», afirmó.
Lo que se está haciendo ahora —excavación, movimiento de suelos, zapatas, muros de contención, pilotaje, trabajos hidráulicos— es la base que hace posible esa velocidad posterior. No se ve desde la calle, pero es lo que determina que el edificio pueda levantarse rápido cuando llegue el acero.
Los tiempos del acero
El proceso para que llegue la estructura metálica tiene sus propios plazos: primero hay que cerrar el mix comercial, es decir, definir qué locales van a ir y de qué tamaño, porque la estructura se diseña en función de eso. Taranto estimó que ese proceso de definición se completará en los próximos dos meses.
Una vez cerrado, se hace el pedido a fábrica —típicamente en China— y la estructura tarda entre 60 y 90 días en llegar al país. Recién entonces empieza la fase que todos quieren ver.
«A partir de las próximas semanas ya se va a empezar a ver una excavación importante, de unos cuantos miles de metros cúbicos de tierra», adelantó Taranto, como señal de que la curva empieza a subir.
El compromiso con el trabajador local
Uno de los puntos más sensibles de la sesión fue el porcentaje del 30% de trabajadores del departamento que exige el pliego de condiciones. El edil Raúl Curvelo, con pasado sindical, quiso saber si ese porcentaje se mantendría desde el inicio de la obra o solo en el pico, y si aplicaría también a las empresas subcontratadas.
Taranto fue claro en los tres puntos: la política de la empresa es contratar toda la gente local posible, más allá de lo que exige la ley; ese compromiso aplica en todo momento de la obra, no solo en el pico; y sobre los subcontratistas: «No tenemos poder de coerción sobre sus decisiones libres, pero sí tenemos poder de sugerencia fuerte y vamos a velar porque eso esté cuidado».
El día anterior a la sesión, Stiler hizo llegar al ejecutivo departamental un certificado del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social confirmando que la empresa está en perfecto cumplimiento de la ley 18.516.
Una obra que se mide en 50 años
Taranto insistió en poner en perspectiva la impaciencia comprensible de los trabajadores en seguro de paro.
«Esto es una inversión con perspectiva de 50 años. La etapa de obra es fundamental, pero es efímera respecto de lo que es el empleo que genera una inversión de estas características en la ciudad». Los 308 trabajadores de la construcción son importantes, pero son transitorios. Los 720 puestos permanentes son los que van a cambiar la estructura del mercado laboral de Durazno por generaciones.

