El pasado miércoles, el Club Nacional de Fútbol de Durazno alcanzó un nuevo hito en su rica historia al conmemorar su 93° aniversario. Lejos de conformarse con la gloria pasada, la institución tricolor se encuentra inmersa en un profundo proceso de renovación y trabajo constante.
Para conocer de primera mano la realidad del club, El Acontecer conversó extensamente con el entrenador y dirigente Matías Berrospe. Detrás de esta maquinaria hay un grupo de trabajo incansable, donde figuran nombres como el del presidente Daniel Sánchez y Ricardo Martínez, quienes día a día buscan alternativas para generar los ingresos vitales que el club necesita.
El rol social: un escudo para la juventud
Uno de los pilares más fuertes del actual proyecto tricolor es su función social. Hoy en día, Nacional alberga a una multitud de jóvenes: cerca de 120 niños en el Baby Fútbol y alrededor de 100 adolescentes distribuidos en las categorías Sub-14, Sub-16, Sub-17, Sub-20 y Primera División de la Liga Ciudad de Durazno. A esto se suman las chicas del Futsal y la tradicional banda del club.
«Son muchos chiquilines. La idea es tratar de alejarlos de las cosas malas y llevarlos al deporte, que es una de las principales herramientas para eso», reflexionó Berrospe, dejando en claro que, más allá de los resultados de un fin de semana, la prioridad es la formación humana y la contención de la juventud duraznense.
El sueño de la casa propia y la hermandad con Rampla
En materia de infraestructura, el gran desvelo de la directiva es concretar un espacio físico definitivo. Según adelantó el dirigente, existe un buen diálogo con el Gobierno de Durazno y hay un predio definido en el horizonte.
«Ojalá lo podamos concretar este año, es uno de los objetivos más importantes. Sería muy bueno no solo para el club, sino para todos los chiquilines», afirmó.
Mientras ese sueño se materializa, las formativas tricolores entrenan de lunes a viernes gracias a un invaluable acuerdo con el Club Rampla. Berrospe no escatimó en elogios para la institución picapiedra, definiéndola como un «cuadro hermano» que les ha brindado la tranquilidad de contar con un espacio fijo, evitando el desgaste de deambular por distintos espacios públicos de la ciudad.
El Baby Fútbol, bajo la mirada atenta del referente Juan Olveira, también muestra avances significativos. Las mejoras en su cancha son visibles, con trabajos de maquinaria y reubicación de contenedores para optimizar las instalaciones de los más pequeños.
Campañas, socios y el respaldo del hincha
Para sostener esta enorme estructura, el ingenio financiero es clave. Actualmente, la institución se encuentra abocada a la venta de una rifa a nivel nacional de los clubes homónimos del interior, una fuente de recaudación tradicional.
Además, hace un mes y medio se lanzó una campaña de socios con enfoque anual. La respuesta ha sido sumamente positiva y la directiva busca «mimar» a quienes colaboran: entrega de nuevos carnets, presentes como pegotines y, recientemente, el sorteo de una camiseta de Primera División en el marco del aniversario del Nacional capitalino.
La realidad deportiva: de la exigencia a la competencia
En el plano estrictamente futbolístico, Nacional dice presente en todas las divisionales. Berrospe analizó el panorama de las categorías formativas, señalando la particular dificultad que atraviesa la Sub-14. Al ser el primer año de fútbol once y tener una limitante estricta de edad —solo chiquilines de 13 años—, los planteles suelen ser cortos, una problemática que, sugiere, debería ser analizada a futuro por la Liga y OFI.
Sin embargo, el panorama general es alentador. La Sub-16 compite de buena manera y la Sub-20 viene tomando un gran ritmo. De hecho, esta categoría tiene una agenda intensa: se puso al día enfrentando a Santa Bernardina en el Campus —cayó este miércoles 4 a 1— y este fin de semana será protagonista como preliminarista en el esperado choque de Copa que disputará Sportivo Yí en su remozado complejo.
A sus 93 años, Nacional de Durazno demuestra que está más vivo que nunca. Con dificultades, pero con una convicción inquebrantable, el «bolso» duraznense sigue apostando al trabajo, a la infraestructura y, sobre todo, a ser una verdadera escuela de vida para las nuevas generaciones.

