Una delegación del Club de Corredores Durazno fue parte de los más de 16.000 atletas que el pasado domingo corrieron la Maratón de Buenos Aires. Entre ellos estaba Javier Fumero, conocido en Durazno por su trayectoria como entrenador de fútbol y que, menos de dos años después de iniciarse en el running, consiguió completar los 42,195 kilómetros.
Para Fumero significó cumplir un objetivo que ni siquiera imaginaba cuando comenzó a correr, el 8 de enero de 2025.

Desde entonces llegaron las carreras de 10 kilómetros, cuatro medias maratones, pruebas de trail, dos Volcano de 18K y una Valhöll de 22K. Después de esta última competencia apareció por primera vez la posibilidad de ir por los 42 kilómetros.
Un camino relativamente corto en el tiempo, pero cargado de entrenamiento, carreras y kilómetros que terminó llevándolo hasta la línea de partida en Buenos Aires.
“El día después, qué bien se siente lograr tu objetivo. Algo que nunca soñaste o pensaste cuando uno comienza a dedicarse a este deporte un 8 de enero de 2025 y de ahí no hemos parado”, relató.
La preparación y una gripe que hizo dudar
Fumero destacó especialmente el trabajo realizado junto al profesor Pablo Zalazar y Robert Acosta, responsable de los entrenamientos funcionales.
“Gracias a Dios tengo a un excelente profesional al frente como el profe Pablo Zalazar, que junto a Robert Acosta en los funcionales me brindaron la preparación y los consejos para poder prepararme de la mejor manera”, expresó.
La preparación tuvo, sin embargo, un momento complicado. Justamente cuando debía realizar algunos de los fondos más largos sufrió una gripe que lo mantuvo afectado durante casi dos semanas y media.
La enfermedad hizo aparecer las dudas a pocas semanas del desafío.
“Los consejos de Pablo y de los compañeros del Club de Corredores Durazno fueron todos en el mismo sentido: que confiara en todo lo que venía haciendo desde aquel 8 de enero”, recordó.
Finalmente llegó el fin de semana esperado.
“El estar ahí, la adrenalina, las lágrimas, todas las sensaciones que se podían experimentar las tenía. Estaba para largar una maratón donde éramos más de 16.000 personas con historias y sueños”.
Los primeros 25 kilómetros, “soñados”
La carrera comenzó de la mejor manera.
“Largamos y fueron los primeros 25K soñados, pasando por lugares históricos y sintiéndonos muy bien”, contó Fumero.
Pero una maratón comienza a mostrar otra cara cuando los kilómetros se acumulan.
Después del kilómetro 32 apareció aquello que los corredores conocen como “el muro”: el momento en que el cansancio físico y mental empieza a poner seriamente a prueba la posibilidad de continuar al mismo ritmo.
“Me bajó un poco el ritmo y quisieron aparecer los calambres, pero el yo interno decía: seguí adelante”.
Todavía faltaba lo más duro.
El kilómetro 37
Fumero recuerda el kilómetro 37 como el momento más difícil de toda la carrera.
“Las piernas se frenaban y la mente ya casi no respondía”, relató.
Fue entonces cuando apareció Silvana, compañera del Club de Corredores Durazno.
“Con dos palabras que necesitábamos escuchar pudimos despejar y abrir la mente: ‘Estamos ahí’”.
La meta empezaba finalmente a sentirse cerca.
“En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos pasando el kilómetro 40, donde era un cordón humano de ambos lados alentando y gritando tu nombre. La emoción era algo que te desbordaba”.
La bandera uruguaya y la imagen que había soñado
Después de más de 42 kilómetros, quedaron solamente los últimos metros.
Y allí apareció una de las imágenes que Fumero había imaginado durante su preparación.
“En los últimos 200 metros vemos a los compañeros del Club, que me alcanzan la bandera uruguaya, y poder hacer ese final de brazos abiertos y en alto fue la imagen que soñé”.
La llegada cerró un camino iniciado apenas en enero de 2025 y dejó una frase que resume lo que significó para él cruzar esa meta.
“Fue muy dura, como muchos la describen, pero yo les digo: está en tu mente también. No hay imposibles, hay que prepararse y contar con gente con la capacidad y experiencia como la que contamos nosotros”.
Y entonces sí pudo decirlo:
“Puedo decir que soy maratonista. Y sí, lo soy, lo digo orgullosamente”.
Fumero dedicó el logro a Pablo Zalazar, Robert Acosta y a sus compañeros del Club de Corredores Durazno por el acompañamiento durante todo el proceso.
También tuvo palabras para su familia: “A mi vieja, mi hermana, Rodrigo, Celeste e Iván. Y a mi viejo, que siempre me está dando fuerza de arriba”.

