El grupo de corredores de Durazno participó de la Bariloche 100, una de las pruebas de trail más exigentes de la región. La psicóloga Valeria de Benedetti reflexionó sobre la experiencia.
En el imponente entorno natural de San Carlos de Bariloche se disputó el pasado fin de semana una nueva edición de la Bariloche 100, una de las competencias de trail running más exigentes del calendario regional. Hasta allí llegó una delegación de cinco atletas duraznenses que asumió el desafío de completar 42 kilómetros por senderos de montaña, atravesando desniveles pronunciados, terrenos técnicos y las condiciones propias de la geografía patagónica.
El equipo estuvo integrado por Valeria de Benedetti, Giuliana Silvera, Martín Ovelar, Pablo Rivoir y Claudio Neira, quienes vivieron una experiencia que, según ellos mismos lo describen, trascendió ampliamente lo deportivo.

Más que una carrera
En las pruebas de trail de esta envergadura, el desafío físico es solo una parte de la ecuación. Los 42 kilómetros en montaña someten también la fortaleza mental de cada corredor, poniendo a prueba la constancia, la disciplina y la capacidad de sostenerse cuando el cuerpo pide parar. Para el grupo duraznense, Bariloche fue todo eso y algo más.

«Un viaje hacia uno mismo»
La psicóloga y atleta Valeria de Benedetti compartió una reflexión que resume con precisión el espíritu de lo vivido en la montaña:

«En el imponente escenario de Bariloche, donde la montaña desafía y a la vez abraza, se llevó a cabo una nueva edición de Bariloche 100, una carrera que va mucho más allá de lo deportivo. No se trata solo de kilómetros ni de desnivel acumulado, sino de un viaje profundo hacia uno mismo.
Cada paso en el sendero invita a mirar hacia adentro, a encontrarse con los propios límites, con las dudas y también con una fuerza interna que muchas veces desconocemos. En esos momentos donde el cuerpo se cansa y la mente duda, aparece lo esencial: la constancia, la disciplina y la capacidad de seguir adelante aun cuando todo parece pedir pausa.
Participar en este tipo de desafíos implica mucho más que entrenamiento físico. Es un ejercicio de superación personal, de compromiso diario, de sostener hábitos y decisiones incluso cuando no hay motivación. Es aprender que el progreso no es lineal, pero sí posible.
Ser mujer en esta disciplina también tiene un valor especial. Cada vez somos más las que ocupamos estos espacios, desafiando estereotipos, demostrando fortaleza y construyendo comunidad. Correr en la montaña es también una forma de empoderamiento, de conexión con la naturaleza y con una misma, de validar que podemos ir tan lejos como nos lo propongamos.
Bariloche 100 deja huellas que no se ven, pero que transforman. Nos recuerda que el verdadero logro no está en la meta, sino en todo lo que somos capaces de atravesar para llegar hasta ella.»

Orgullo local en escenarios exigentes
La presencia de este grupo en Bariloche no es un hecho aislado. Refleja el crecimiento sostenido del trail running en el interior del país y el compromiso de atletas locales que entrenan con seriedad para medirse en competencias de alto nivel, lejos de los grandes centros urbanos y sin que eso sea un límite.
Más allá de tiempos y posiciones, completar una prueba de estas características representa un logro que combina preparación prolongada, sacrificio cotidiano y una convicción personal que no se improvisa. Para los cinco corredores duraznenses, Bariloche 2026 quedará marcada no solo por los kilómetros recorridos, sino por todo lo que encontraron —y se encontraron— en el camino.

