El delantero fue figura en el 5-2 de Durazno ante Colonia en el Landoni y horas después volvió a su rutina laboral. Entre sacrificio y convicción, sueña con devolverle el título del Sur a la selección.
Una noche que quedará en la memoria
El estadio Silvestre Octavio Landoni fue escenario de una de esas jornadas que el hincha no olvida. Durazno goleó 5 a 2 a Colonia y selló su pase a semifinales de la Confederación del Sur, revirtiendo una serie que venía cuesta arriba.
En el centro de la escena apareció Agustín “Carita” Monzón. Dos goles, empuje constante y liderazgo anímico para un equipo que, aun en momentos adversos, nunca dejó de creer.
Del festejo al trabajo
La épica, en el fútbol del interior, no termina con el pitazo final. Apenas unas horas después de su doblete y del desgaste físico, Monzón ya estaba cumpliendo con su jornada laboral.
“Es un sacrificio lindo jugar en la selección. A veces los partidos terminan tarde y al otro día tenés que estar en pie para laburar”, contó.
Confesó que durmió poco. La adrenalina de la remontada y una tormenta que azotó la madrugada no ayudaron. Pero el compromiso con la camiseta y con su trabajo conviven en la misma rutina.
Convicción desde el primer minuto
Durazno arrancó arrollador, pero Colonia llegó a ponerse 2-1. Fue un momento de tensión que pudo haber cambiado el rumbo. Sin embargo, el plantel estaba convencido.
“Estábamos seguros de que esta serie se daba vuelta. Lo hablamos antes de salir: había que dejar la vida”, relató Monzón.
Destacó la jerarquía de compañeros como Diego Seoane y Alexander García, capaces —según sus palabras— de “sacar una de la galera en cualquier momento”. La calma en medio del caos fue determinante.
Un recuerdo para toda la vida
Más allá del resultado, la noche tuvo un significado especial. Por primera vez, Monzón ingresó al campo de juego del Landoni de la mano de sus tres hijas.
Ese gesto, íntimo y familiar, convirtió el triunfo en algo todavía más profundo. “Fue una noche histórica y soñada”, resumió.
También agradeció a sus compañeros de trabajo, quienes lo apoyan cada vez que debe ausentarse para defender a la Roja. “En el laburo me dicen: ‘Andá tranquilo, jugá y ganá’. Eso te deja muy contento”, expresó.
El objetivo: la copa del Sur
Sin margen para relajarse, Durazno ya piensa en el próximo desafío ante Florida. La seguidilla de partidos pesa, pero el grupo se siente fuerte.
Monzón fue claro: el equipo viene de disputar tres finales del Sur consecutivas sin poder consagrarse. “Creo que este es el año en que podemos quedarnos con la copa. Tenemos un grupo humano fundamental para sacar esto adelante”.
Entre el gol y el trabajo, entre la familia y la camiseta, “Carita” Monzón encarna el espíritu del fútbol del interior: sacrificio, pertenencia y una fe que no se negocia.

