La escritora Walquiria Rodríguez, oriunda de Sarandí del Yí, llevó adelante un taller literario infantil en el Cowork Sarandí de Sarandí Grande, donde más de una docena de niños culminaron el año recibiendo sus propios libros impresos como resultado del trabajo realizado.
Un taller para escribir, imaginar y soñar
El taller nació a partir de una invitación de Fabricio Labandera, responsable del Cowork, cuando su hija escribió su primer libro y otras niñas quisieron sumarse. A partir de allí, el grupo fue creciendo y se mantuvo activo durante todo el año.
Walquiria explicó que lo fundamental del espacio fue darles libertad total a los niños para expresarse:
“Primero que nada les doy la libertad del mundo para que escriban lo que quieran, que se expresen como quieran. Después corrijo, pero la libertad es lo principal”.
Los participantes tenían entre 8 y 11 años y trabajaron sobre cuentos, vocabulario, ejercicios de escritura y lectura. La tallerista destacó la importancia de iniciar este camino antes de la adolescencia:
“Hacerlo antes de la adolescencia es ideal. Después ellos decidirán si seguir o no, pero el potencial lo tienen”.
Además, insistió en fomentar el hábito de escribir en cualquier momento:
“Yo les digo: no dejen de escribir. Lleven una libretita y escriban lo que ven. Que se expresen y que se atrevan a soñar”.
Walquiria remarcó que no es docente, sino guía y acompañante del proceso creativo.
El libro como premio final
El cierre del taller tuvo un momento especial: cada niño recibió un libro con su propio trabajo. La entrega marcó un hito emocional para los participantes, que vieron materializado su esfuerzo en un ejemplar impreso.
En una de las anécdotas del proceso, la escritora recordó:
“Una pequeña me dijo: ‘¿Y cómo la luna se puede caer?’ Le respondí: si tú te la imaginas, sí. Todo va en la imaginación”.
Los libros se entregaron en una edición cuidada y pensada para que los niños pudieran compartirla con sus familias, amigos y conservarla como recuerdo de su infancia creativa.
El entusiasmo fue tal que una de las niñas preguntó si su libro estaría en una librería. Sobre eso, Walquiria contó:
“Les dije que sí, porque hay que incentivarlos. No es una mentira: es explicarles que el premio era el libro. Y llegamos al libro”.
El taller cerró así un año de imaginación, acompañamiento y creación, dejando abierta la posibilidad de una nueva edición el próximo año.

