El homenaje final del Solís incluyó a “Tano” Pérez y Rosario Quijano, generando una emoción inesperada para el duraznense Ricardo De León.
La noche del lunes en el Teatro Solís fue especial para muchos, pero para el duraznense Ricardo De León, asistente de dirección del grupo Teatro de la Mancha, se transformó en un momento profundamente emotivo e inesperado en la ceremonia de los Premios Florencio 2025.
El elenco había llegado a Montevideo como tantas veces lo hace el teatro independiente: a pulmón, costeando el viaje en camioneta y celebrando las dos nominaciones de Rescatate, obra dirigida por Marita Cirilo. Sin embargo, la emoción más fuerte llegaría recién al final de la gala.
Un homenaje que sorprendió
“El Solís estaba precioso”, recuerda Ricardo. La ceremonia avanzaba entre premios y discursos, hasta que las luces se apagaron y en la pantalla comenzaron a proyectarse imágenes de artistas fallecidos durante 2025. La música en vivo de Larbanois acompañó una sucesión veloz de rostros homenajeados.
“El público aplaudió todo el rato que aparecieron las figuras”, relató. En ese desfile reconoció a dos nombres que lo conmovieron profundamente: Estanislao “Tano” Pérez y Rosario Quijano, referentes del teatro duraznense y figuras centrales en la memoria cultural de la ciudad.
“Fue una cosa muy fugaz, tres o cuatro minutos, pero muy detonante”, dijo. Su impacto fue inmediato: “Me tocó muchísimo”.
La memoria duraznense en el escenario mayor
Para Ricardo, ver a estos dos artistas proyectados en el escenario más emblemático del país trascendió lo simbólico. Significó que la historia teatral de Durazno también tenía un lugar en una noche nacional, en igualdad de reconocimiento con figuras de Montevideo.
El homenaje, pensado para abarcar trayectorias de todo Uruguay, se convirtió en un puente afectivo entre el presente del teatro independiente del interior y el legado de quienes forjaron identidad cultural desde escenarios locales.
Un cierre cargado de sentido
La aparición de “Tano” Pérez y Rosario Quijano fue recibida con respeto y aplausos continuos por el público. Para Ricardo, la gala terminó siendo mucho más que acompañar la nominación de su elenco: fue un encuentro inesperado con la memoria duraznense, un recordatorio de que los caminos actuales del teatro se apoyan en quienes lo sostuvieron antes.
Ese instante —breve, intenso y cargado de emoción— reveló algo que suele quedar fuera de las crónicas oficiales: que el teatro se construye en comunidad, en afectos, en legados, y en la certeza de que quienes hicieron del escenario su vida nunca desaparecen del todo.
Cómo llegó la historia a la redacción
La noticia llegó a la redacción de El Acontecer casi por azar, siguiendo uno de esos caminos inesperados que suelen tener las historias humanas. Fue Sebastián Basterrech, duraznense radicado desde hace años en la República Checa, quien primero escuchó el relato sobre la emotiva experiencia vivida por Ricardo De León en la ceremonia de los Premios Florencio.
Sebastián, que mantiene un vínculo cercano con la comunidad cultural de su ciudad natal a pesar de la distancia, compartió el comentario con su amigo Víctor Rodríguez, también duraznense y siempre atento a todo lo que involucre a artistas locales. Fue Víctor quien, entendiendo la relevancia del testimonio y el valor de destacar a las figuras duraznenses homenajeadas, se comunicó con el diario y facilitó el contacto con Ricardo.
Así, a través de una cadena de afectos que conecta Durazno con Europa y vuelve a su tierra, la historia llegó a nuestra mesa de trabajo y permitió recoger una vivencia tan sentida como representativa del valor que el teatro del interior tiene en el país.

