Con solo 6 años, Enzo Terán cumplió su sueño en el 25.º Encuentro Gaucho al ser distinguido como Paisanito, en una jornada cargada de emoción, familia y tradición criolla.
Un sueño nacido en el campo
Desde Molles de Quinteros llegó con una ilusión clara. No buscaba aplausos ni cámaras: quería ser Paisanito del Encuentro Gaucho. Y lo logró.
Con apenas 6 años, Enzo Terán fue elegido en el 25.º Encuentro Gaucho realizado en el Parque de la Hispanidad Dr. Raúl Iturria Igarzabal, uno de los escenarios más significativos de la tradición criolla del país.
La tradición como herencia viva
El Encuentro Gaucho es mucho más que jineteadas y desfiles. Es comidas típicas, payadas, guitarras y acordeones, vidalitas y milongas, el Pericón Nacional y el amor por el caballo. Es familia, aparcerías y pertenencia.
En ese ambiente profundamente comunitario también se hace visible el compromiso de las nuevas generaciones. Niñas y niños que, desde temprana edad, abrazan las costumbres del campo y las proyectan hacia el futuro.
Cada edición distingue a un Paisanito, como forma de reconocer ese sentimiento que nace en la infancia y se alimenta con el ejemplo y el acompañamiento familiar.
Preparación, ilusión y lágrimas
Enzo integra la Aparcería La Curva y vive junto a sus padres, Paola Núñez y Martín Terán, en el interior profundo del departamento.
No era la primera vez que se destacaba. En Carlos Reyles ya había sido elegido dos veces como mejor paisanito en desfiles locales. Pero su sueño era alcanzar ese reconocimiento en el Encuentro Gaucho de Durazno.
“Cuando lo nombraron, a mí se me caían las lágrimas de emoción. Él estaba muy feliz”, contó su madre, visiblemente conmovida.
La escena fue tan sencilla como potente: un niño emocionado, su padre ayudándolo a subir al escenario y una familia celebrando el fruto de la constancia.
Orgullo en la comunidad
Alumno de la escuela pública de Carlos Reyles e hijo único, Enzo hoy muestra su trofeo con orgullo a vecinos, familiares y amigos.
En Molles de Quinteros el logro se vive como propio. “Sabemos la magnitud del Encuentro Gaucho. Todavía no lo podemos creer; estamos muy felices”, expresó Paola.
No se trata solo de una distinción simbólica. Para una familia del interior, participar y ser reconocido en un evento de esta dimensión representa identidad, pertenencia y reconocimiento al esfuerzo compartido.
La enseñanza que deja un niño de seis años
A su corta edad, Enzo Terán dejó una lección simple y profunda: la tradición también se construye desde la infancia. Con ilusión, con constancia y con el respaldo de quienes acompañan cada paso.
Su historia, nacida en la sencillez del campo y celebrada en el mayor escenario criollo del departamento, confirma que creer en los sueños —por pequeños que parezcan— es el primer paso para alcanzarlos.
En Durazno, esta vez, el aplauso más grande fue para un paisanito que llegó desde el interior profundo y volvió a su casa con un sueño cumplido.

